Desde pequeña siempre he oído hablar a mi madre sobre los distintos sucesos que ocurrieron en la ciudad cuando era un niña. Colas de racionamiento, ríos que pasan por debajo de las calles, descampados que dejaron de serlo para construir sobre ellos los nuevos edificios, o fabricas que comenzaban su andadura empresarial. Eventos sociales que la gente veía desde fuera, en los palacios de la ciudad, las grandes casonas, con los personajes de la época revoloteando por ellos.
Por eso cuando sale algún dato sobre aquellos días, anteriores o inmediatamente posteriores, me encanta recortarlo, guardarlo, después de haberlo leído y compararlo con los recuerdos almacenados en mi cabeza.
La historia es importante para nuestra evolución, pero sobre todo esas historias reales de lo vivido, que muchas veces se adornan con los recuerdos cambiados de las sensaciones vividas, y forjan los relatos que son la historia que nuestros padres nos pasan de generación en generación, nuestro archivo histórico de la memoria que nos acompañara toda la vida, y nos marcara en todas nuestras vivencias.
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