Estos días, estoy viendo a trocitos, el gran espectáculo que debió ser las preguntas a Belén Esteban.
Programa de preguntas, que lo fue, por la gran espectación que despierta este personaje. Pero mi planteamiento es otro.
Viendo el número de periodistas, no periodistas y demás personajes que se mueven alrededor, no solo de Belén Esteban, sino de personajes y personajillos varios, la cantidad de programas con grandes niveles de audiencia, el movimiento de medios en persecución de la noticia, y la cantidad de gente dispuesta a colaborar para poder aclarar las noticias que se reciben, digo yo, una pena, una pena que solo se pueda utilizar para temas del corazón, o en realidad no es una pena, sino una necesidad para distraer al personal de los duros temas que el mundo barajea, los grandes problemas que nos afectan, la difícil visión que tenemos de nuestro futuro mas cercano.
Probablemente. Mientras podamos dirigirnos de vez en cuando, a una revista, un programa de televisión, donde este conglomerado del corazón nos proporciona esas noticias que nos hacen soñar, derivar nuestras frustraciones, o aminorar la gravedad de la hipoteca que hay que pagar a final de mes, nos ayudara a sobrevellevar el monumental panel de problemas que nos acompaña todos los días, estaremos mas tranquilos en cuanto a nuestros dirigentes en sus nefastas decisiones en demaseados casos, llevaremos las declaraciones de esos patronos que dicen no poder cubrir gastos por lo que tiene que reducir sus plantillas, y tantos y tantos otros temas, que no son tratados con la fuerza con la que se analizan los "Cuernos de la Esteban", y que sin embargo son los que marcan nuestras vidas, en muchos casos hasta extremos desgarradores.
Seguiremos con las revistas, los programas y demás, porque también es cierto que es necesario ese mínimo escape que nos siga permitiendo luchar, respirar y seguir adelante.
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